Mima tu corazón

Sea cual sea tu edad, tu estilo de vida puede desempeñar un papel importante en el aumento de tu nivel de colesterol. Ten tu estado físico bajo control en tres sencillos pasos.

Paso 1 – Come bien: Reduce la ingesta de grasas saturadas y trans tomando en su lugar alimentos sencillos:

  • Aceites vegetales (como el aceite de oliva) en lugar de grasas de origen animal (por ejemplo, la mantequilla).
  • Pescado azul o carne magra de aves por carne procesada o roja.
  • Frutos secos, semillas o granos de soja en lugar de tentempiés como las patatas fritas.

Paso 2 – Mejora tus hábitos: Estar activo ayuda a aumentar el colesterol “bueno” (HDL) en la sangre. Estimula la circulación de los depósitos de grasa en el hígado, lo que ayuda a mantener los vasos sanguíneos y del corazón en buen estado. 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada por semana es todo lo que necesitas***. Intenta hacer 30 minutos, 5 días a la semana.

Paso 3 – Complementa tu alimentación: Con alto contenido en fibra (6 gr) y 3 gr de proteínas, dos cucharadas de Beta heart® proporcionan además 3 gr de beta-glucano de avena; una fibra soluble que se encuentra en el salvado de avena y que ayuda a mantener niveles normales de colesterol sanguíneo.

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Cambio de estación

Adaptar nuestra alimentación a la llegada del frío. La llegada del otoño marca un punto de inflexión: Dejamos atrás las vacaciones y volvemos a introducirnos en nuestra rutina para abrir camino al invierno. Y si bien deberíamos mantener unos hábitos saludables y una línea de alimentación equilibrada durante todo el año, habría que señalar que ésta también se adapta a las singularidades de las estaciones.

En cuanto a qué comer, por supuesto no debemos olvidar las ventajas de ser un país mediterráneo cuya dieta es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Para empezar tenemos los cítricos. Nuestro ‘clásico’ zumo de naranja en la mañana que, además de colaborar a nuestra hidratación matutina (que es una necesidad que a veces, por las prisas, olvidamos), es una gran fuente de Vitamina C, cuyo papel en la defensa frente a esos catarros estacionales está ampliamente documentado… Pero también es importante la Vitamina D, ya que con la disminución de las horas de sol y de nuestra exposición al mismo, la disponibilidad de esta vitamina (dependiente de dicha exposición solar) va a verse afectada con el cambio estacional y por ello es importante mantener un adecuado consumo de pescados (sobre todo los ‘azules’ como el atún o la sardina), huevos y lácteos (aunque los desnatados, al ser una vitamina liposoluble, suponen un aporte muy reducido). Así evitaremos problemas por defecto a pesar de la brusca disminución de nuestra exposición solar, aunque juguemos al aire libre.

No olvidemos además que, en general, todas las frutas y verduras, pilares de la Dieta Mediterránea, también aportan otras muchas vitaminas y gran cantidad de nutrientes, incluidos muchos antioxidantes. Para completar ese aporte de nutrientes esenciales, debemos tomar también alimentos proteicos vigilando el aporte de grasas saturadas, es decir, carnes blancas (el conejo es una buena opción poco aprovechada) pero, sobre todo, pescados (bajos en grasa, y que, cuando la contienen, es rica en los muy recomendables Omega3).

Si no somos nosotros mismos los que cuidamos nuestro cuerpo, ¿quién lo hará?.

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